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En las afueras de Garnett, Kansas, el horizonte se ve interrumpido por lo que a primera vista parece un granero. Pero una inspección más minuciosa nos revela que se trata de una columna de destilación entre silos y fermentadores, que en conjunto forman un complejo que es parte de la apuesta de Estados Unidos por la energía del futuro: es la fabrica de etanol de Agri-Energy del este de Kansas, una de las cerca de cien instalaciones similares que se yerguen como guarniciones en la creciente batalla para reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Esta planta procesa alrededor de 13 millones de bushels de maíz para producir aproximadamente 36 millones de galones de etanol cada año. “Ése es suficiente combustible de alta calidad para reemplazar 55000 barriles de petróleo”, indica Derek Peine, gerente de la planta.
En el último año y medio, la guerra en Irak, un incendio en la refinería de Texas y los cierres de las plataformas petroleras causados por los huracanes –sin mencionar la creciente preocupación por el calentamiento global- han contribuido a que crezca el sentido de urgencia para renovar la manera en que los vehículos se impulsan.
Los precios cada vez más elevados del crudo han logrado que los escépticos le den otro vistazo a combustibles alternativos ignorados por mucho tiempo. El etanol recibe la mayor parte de la atención, pero crece el interés en el metanol e incluso en el aceite de cocina residual (imagino al vendedor convenciéndome de comprar un auto con el argumento de que su motor tiene 800 kilos de papas fritas de potencia). |
Además de estos biocombustibles, se investigan otras fuentes de energía para los automóviles, sobre todo la electricidad y el gas natural. El Departamento de Energía (DOE) de Estados Unidos estipula que debe hacerse una transición hacia una economía basada en el hidrógeno. Y su presidente, George W. Bush, ha dicho que quiere que para el 2020 haya autos que empleen hidrógeno como combustible en el mercado.
El etanol, el principal retador del petróleo, ya es mezclado con gasolina en diversos países y su producción sigue creciendo. Probablemente el etanol era el combustible que el presidente Bush tenía en mente cuando promulgó una legislación energética el año pasado, la cual establece que para 2012 deberán usarse 7500 millones de galones de etanol y biodiesel al año, 90% más que lo que se emplea en la actualidad.
En el laboratorio, muchas alternativas a la gasolina se ven bien, pero en el camino es evidente que los ingenieros automotrices aún tienen trabajos por hacer, y que las compañías proveedoras de energía aún deben construir la infraestructura necesaria, antes de que podamos vivir en un mundo sin petróleo. Y está el asunto del dinero. Con demasiada frecuencia, las discusiones sobre energías alternativas tienen lugar en un universo alterno donde los precios no importan. |